La inversión proveniente de Medio Oriente aún es menor. Sin embargo, la llegada de DP World da cuenta de una tendencia que promete.

Pasaron inadvertidos. Es que mientras todos los ojos estaban puestos en el anuncio de DP World y su interés por los puertos de la familia Matte, en Chile había una compañía de dimensiones similares analizando oportunidades. Altos ejecutivos de la Consolidated Contractors Company (CCC) -la principal constructora de Medio Oriente, una de las más importantes del mundo y desarrolladora del aeropuerto de Abu Dhabi- estaban de gira. Habían venido dos semanas, justamente a reunirse con privados y autoridades para hacerse parte de próximas licitaciones de infraestructura. Es que si hace un año esa zona del mundo no estaba en el radar, y al revés tampoco, el escenario ahora cambió.

En noviembre de 2017 asumió un nuevo embajador de Emiratos Árabes Unidos (EAU) en el país, Abdelrazaq Hadi. Reconocido por su alto nivel de contactos, en el sector empresarial concuerdan en que fue puesto en ese cargo justamente para acercar ambos mundos. Y la estrategia tuvo resultados: en junio aterrizó Emirates, y el sábado se informó el acuerdo para vender los puertos Central y Lirquén a DP World. En el intertanto, un fondo de Abu Dhabi había entrado a la propiedad de Territoria Apoquindo, y The Abraaj Group había tomado el control de Casa-Ideas. Es que oportunidades hay por doquier.

Los Emiratos Árabes Unidos -compuestos por siete emiratos, donde destacan Dubái y Abu Dhabi, símiles a la capital económica y política, respectivamente- iniciaron hace ya algunos años su expansión internacional. Los países del Golfo tienen varios de los fondos soberanos y de inversión más grandes del mundo. Algunos, incluso, con patrimonios superiores a los US$ 800.000 millones, más de dos veces el PIB de Chile. El petróleo fue el gatillante de tamañas fortunas y hoy su análisis es claro. El director ejecutivo de la recién creada Cámara Chileno-Árabe de Comercio e Inversiones, Nicolás Manzur, explica que entienden que el crudo no se acabará, pero saben que debiera perder su valor al alero de las energías renovables. “Quieren invertir en todo el mundo. Así, cuando eso pase, sean estas inversiones las que les den renta y poder mantener su estándar de vida”, cuenta. “Ellos eran monoproductores. Hicieron un colchón de esa monoproducción y se empezaron a diversificar fuera de lo que es petróleo. Y ahora es tiempo de salir”, precisa el managing director de Ecuánime Advisor -consultora especialista en atraer inversiones desde la zona del Golfo-, Claudio González-Carrasco.

Partieron invirtiendo en Europa y compraron participaciones en la mayoría de las automotoras, de los bancos y de los retailers más relevantes; luego pasaron a EE.UU. y giraron la vista hacia Latinoamérica. Brasil y Argentina fueron sus puertas de entrada. Si bien en Chile existía una embajada desde 2011, sus contactos eran menores, hasta ahora. “Los países del Golfo están mirando Latinomérica de manera muy intensa. Antes estaban explorando, y ahora entraron de lleno a invertir y ven a Chile como un país serio, confiable, con estabilidad y Ocde, lo que les da confianza”, explica el embajador de Chile en EAU, Jorge Daccarett. Y añade que sus focos son claros: seguridad alimentaria, infraestructura, logística y energías renovables. “Están viendo las oportunidades para poder usar a Chile como un hub de inversiones para Latinoamérica”, destaca.

Los fondos soberanos andan tras inversiones superiores a los US$ 100 millones, idealmente las estructuras más grandes y emblemáticas de cada país. Los fondos privados, en tanto, buscan inversiones más pequeñas, de US$ 50 millones, cuentan en el sector. González-Carrasco revela que ya están en contacto con la inmobiliaria Emaar para buscar oportunidades en el país. Además, cuenta que hay dos bancos con interés real en llegar, uno de Abu Dhabi y otro de Dubái. La traba es la doble tributación, pero ya se estaría trabajando con el gobierno para eliminarla.

Además, a mediados de febrero realizarán una exposición en Dubái a empresas árabes para presentar un portafolio de oportunidades en Chile, Perú, Brasil y Colombia. Y en el país ya se genera una estructura para colaborar en esta captación. El año pasado se constituyó la primera Cámara Chileno- Árabe de Comercio e Inversiones. Hubo dos intentos previos, pero se habían quedado solo en el papel. La instancia reunió a connotados hombres de negocios. Hoy, en el directorio está el empresario pesquero Rodrigo Sarquis y el abogado Cristián Eyzaguirre, entre otros, mientras que en el Consejo Consultivo participan Gonzalo Said, Janet Awad, Nicolás Majluf, etc. ¿Una de sus principales tareas? Aumentar los envíos agroalimentarios a los Emiratos.

Según explica Manzur, el Golfo importa el 80% de lo que consume; en Qatar ese porcentaje sube al 97%. Para ello están avanzando en lograr la certificación Halal, aquellos productos permitidos por el pueblo musulmán: que no sean procesados con cerdo, que el animal no sufra al morir, que no haya vinculación con alcohol, etc. “El mercado Halal son 1.600 millones de personas. Es un mercado en el que un país productor de alimentos no puede no estar”, explica. A lo que añade que solo desde Dubái se abastece a cerca de 650 millones de personas. Así, acaban de cerrar un acuerdo con el Centro Islámico de Chile, para que realice toda la parte técnica, y con Sofofa están armando un comité de empresas de alimentos para certificarse Halal y empezar a exportar. Manzur explica que están replicando lo que se hizo en Brasil, junto con el Centro Islámico de ese país. Y si inicialmente este último exportaba 0,3% de sus envíos al mundo árabe, hoy es el 10%. De hecho, cuenta que Sadia es el principal proveedor de pollos del Golfo. La tarea para Chile es enorme: representamos solo el 0,06% de las importaciones de EAU.

Unos que ya se adelantaron fueron la familia Guilisasti. González cuenta que vía su firma de frutas orgánicas Greenvic y Ama ya están viendo oportunidades allá. Y, de hecho, Emirates viene a apoyar el incremento en los envíos. A mediados de 2018 llegó su filial de Cargo, lo que justamente dinamizaría la transacción comercial, acercando ambas puntas. “Destinaron vuelos en noviembre y diciembre por la temporada. Nuestra meta es que el cargo sea permanente, que desarrollen las exportaciones chilenas”, adelanta el embajador Hadi.

Pero el trabajo no se agota solo en eso. Chile está en vías de tener su primer hotel acreditado Halal para atraer al pueblo musulmán. La Cámara lleva algunos meses trabajando con el Radisson de La Dehesa para ello. Para eso, necesitan contar con un tapete en las piezas para rezar, indicaciones que digan hacia dónde está la Meca, que tengan el Corán, etc. La idea es que esté listo para Apec, en noviembre.
En paralelo, ya se preparan delegaciones empresariales cruzadas. La Cámara de Comercio de Dubái -la más grande del mundo- prevé visitar Chile este año; asimismo, el canciller de EAU, el jeque Abdullah bin Zayed, también manifestó su interés. Al revés, ya se estaría armando un viaje empresarial hacia esa zona. Es que los contactos recién comienzan.

El adiós de los Matte al negocio portuario: la trastienda de la venta a DP World
-Siempre estuvo en el radar. No pensaban salirse completamente, pero sí tenían claro que un socio estratégico entraría a la propiedad; finalmente, la historia cambió y el sábado el Grupo Matte anunció que vendería a DP World el 71% que mantiene en Puertos y Logística (Pulogsa), su matriz en la actividad portuaria, cerrando su paso por ese negocio.
Su debut en el rubro fue de la mano de Puerto Lirquén, una pequeña operación de los años 50 en la bahía de Concepción, que partió embarcando carboncillo y luego productos forestales. Era algo menor, pues su gran salto vino en 2011, cuando se ganaron la concesión de Puerto Central, en San Antonio. Ya desde aquella época hubo grupos que buscaron asociarse, incluso se les habían acercado interesados para ir juntos en la licitación. La máxima del grupo nacional, sin embargo, era clara: sabían que incorporarían a un actor internacional -para enfrentar una industria cada vez más consolidada-, pero luego de desarrollar el puerto. Y así fue.
Puerto Central -denominado el espigón de San Antonio- era un pequeño terminal; prácticamente había que construirlo desde cero. Así, en 2013 recibieron el permiso ambiental y comenzaron a invertir. En total fueron US$ 450 millones. Se desarrolló una primera parte, y en 2017 se terminó una segunda. Y el terminal cambió: pasando de ser un puerto secundario a uno de los más grandes de Chile. En el intertanto, los Matte modernizaron las relaciones laborales, luego del paro que sufrieron en 2014. Si en un comienzo un 80% eran trabajadores eventuales, revirtieron la proporción, quedando solo el 20% en esa condición. A ello se sumó toda una nueva estrategia comercial, un fortalecimiento del management y recién ahí lo salieron a ofrecer.

Durante 2017 contactaron a Goldman Sachs para explorar el mercado. El objetivo era entender quiénes eran los actores clave, se hicieron viajes exploratorios. Y en junio de 2018 se le entregó un mandato para buscar un socio estratégico. Si bien el trabajó lo lideró el gerente general del banco de inversión en Santiago, Tim Kingston, el directorio de la matriz de Pulogsa, Minera Valparaíso, estuvo sumamente involucrado. Esa mesa está integrada básicamente por la tercera generación del Grupo Matte -Jorge Larraín Matte, Jorge Matte Capdevilla y Bernardo Matte Izquierdo-, quienes estuvieron analizando y perfeccionando el negocio. Además, fueron asesorados por el estudios Barros & Errázuriz.

Inicialmente hubo cerca de siete interesados, sin embargo, DP World fue el que se mostró más interesado, enviando equipos a analizar la inversión y compenetrándose rápidamente en el negocio. La familia Matte no viajó a Dubái. Los acercamientos se hicieron básicamente con el management en Estados Unidos y Europa, y puntualmente con el encargado de desarrollo de la compañía.

Si bien los controladores no querían vender, finalmente cedieron. Por estrategia de negocios, la compañía emiratí no hacía inversiones donde no tuvieran el control, y los Matte no tenían vocación de minoritarios, así que prefirieron dar un paso al costado. Venderán su 71,3%, lo que se traduciría en unos US$ 358 millones, los cuales se invertirán básicamente en Colbún y CMPC. El contrato, a su vez, no incluiría cláusulas de non compite, por lo que no se descarta que en un futuro vuelvan a arremeter en el rubro portuario.

Fuente: Pulso, La Tercera

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